martes, 19 de febrero de 2008

sábado, 16 de febrero de 2008

¡ RAZONAR NO !


Reproducimos aquí este interesante articulo de Miguel Angel Santos Guerra

El actual Director General de Universidades, Miguel Ángel Quintanilla, eminente catedrático de filosofía, cuenta que, cuando su hijo era pequeño, instado por las corrientes pedagógicas al uso, trataba de razonar con su él las cosas buenas o malas que hacía.Un buen día, cuando el niño tenía sólo cinco años, el pequeño hizo una trastada relevante y el padre, muy en su papel, de forma vehemente, le dijo.- Ven aquí.El niño, protegiendo la cabeza con los brazos cruzados, le dice al padre de forma suplicante:- ¡Papá, razonar, no! ¡ Razonar, no!El niño quería un modo de corrección más rápido y menos sofisticado. Una reconvención menos humillante.Me sirve la anécdota para plantear algunas reflexiones sobre una cuestión que hoy está en boga: la autoridad (o mejor, dicho, la pretendida falta de autoridad) de los padres y de los educadores.
No es una cuestión baladí. No es, tampoco, una cuestión nueva. No comparto la visión catastrofista de quienes piensan que hoy los jóvenes son peores que los de otros épocas. Hace ya más de treinta años le oí decir a un chico dirigiéndose a su padre:- Trabaja, cabrón, que trabajas para mí.Siempre ha existido esa actitud egoísta de algunos hijos que han pretendido utilizar a los padres con la coartada de que ellos no han pedido venir a este mundo. Ese hecho, dicen de forma insostenible los ‘rebeldes’, les llena de derechos y les exime de obligaciones. He leído en la prensa que un hijo ha denunciado ante un juez a sus padres porque la paga mensual no alcanzaba para sus gastos. El padre estaba en paro. Como era de esperar, el juez no le le ha dado la razón.Convengamos que el fenómeno sea hoy más extenso y más profundo. Supongamos que hoy existe una mayor dificultad en conseguir que los niños obedezcan, que se comporten como es debido y que se enteren de que, además de derechos, tienen obligaciones. Supongámoslo. Hay estados de opinión que no se basan en hechos contrastados sino en la hipertrofia de algunos casos espectaculares, en la mayor presencia de ciertos hechos en la prensa, en la interpretación sesgada de algunos comportamientos…Existe una peligrosa tendencia a atribuir las causas de lo que sucede a aquellos fenómenos que a cada uno le parece bien. Una de las causas a las que se achaca este supuesto fenómeno es a la pérdida de autoridad.La primera pregunta que nos debemos hacer es la siguiente: ¿Qué se entiende por autoridad? No estoy de acuerdo con quien identifica autoridad y poder. No creo que se pueda definir la autoridad como mano dura, malos modos, amenazas contundentes, castigos severos, distanciamiento, frialdad, desinterés y hostilidad. Tampoco con una exigencia, más o menos racional, más o menos arbitraria de muestra externas de respeto. No tenemos más autoridad los profesores por el hecho de que los alumnos y alumnas se pongan de pie cuando entramos en el aula. Definamos, pues, el concepto de autoridad. Etimológicamente procede del verbo auctor, augere que significa hacer crecer. Autoridad es prestigio, es exigencia, es seriedad y es amor.La segunda pregunta decisiva es ésta: ¿Cómo se pierde o se gana autoridad? Se gana con la coherencia, con el ejemplo, con la con la responsabilidad, con la constancia, con la actuación consensuada de padre y madre y la colaboración estrecha de la escuela y la familia.Tiene que haber consistencia normativa, ciertamente. Los niños y niñas tienen que saber a qué atenarse, tienen que discernir que hay buenos y malos comportamientos. Deben saber que han de respetarse los derechos de todos y no sólo los suyos.. Tienen que reconocer que deben existir unas normas y que es deber de todos respetarlas.Los bandazos son malos. De una época en la que el niño no contaba nada, que tenía que callarse cuando hablaban los mayores, que tenía que obedecer sin esperar razones, se ha pasado a una época en la que el niño es el que manda, el que impone el criterio, el que dice lo que hay que ver en televisión. El peligro es volver otra vez a las andadas. No es acertada aquella postura que consistía en una permanente actitud prohibitiva, fustigadora y antipática. La del padre que le decía a la madre:- Vete a ver lo que hace el niño y prohíbeselo.Pero tampoco es aceptable la actitud permisiva que convierte al niño en un tirano. Remito al lector una vez más al excelente libro de Javier Urra “El pequeño dictador”. El subtítulo es verdaderamente significativo: “Cuando los padres son las víctimas”. Propongo una razonable postura a la vez comprensiva y exigente. No defiendo la brutalidad como actitud básica y tampoco la permisividad absoluta. No estoy de acuerdo en que los adultos siempre tienen razón, pero tampoco en el que el niño es que tiene que imponer su criterio. No es aceptable ver a los niños supeditados a los intereses y caprichos de los adultos y tampoco a los adultos actuando como vasallos de los niños.Cuando se pretende imponer la autoridad de forma violenta, cuando se pide obediencia ciega, cuando se dice “tú te callas que están hablando los mayores”, lo que en realidad sucede es que se pierde la autoridad. Se decía: ‘cuando seas padre, comerás huevos”. Es decir, cuando seas mayor tendrás derechos y podrás ejercerlos. Era un abuso de autoridad.Los adultos hemos insistido mucho en que no se puede confundir libertad con libertinaje. No hemos pensado del mismo modo que no se puede confundir autoridad con autoritarismo. Los jóvenes dicen que no se puede confundir autoridad con autoritarismo. Debemos recordarles que no es igual libertad que libertinaje

viernes, 15 de febrero de 2008

PROYECTO DE FOMENTO DE LA LECTURA
La Consejeria de Educación ha concedido una subvención de 3000 euros para el programa de formento de las Bibliotecas de los centros educativos a nuestro Instituto. Nuetra Ampa para colaborar con este proyecto que tiene como objetivo promocionar el habito por la lectura , ha aportado 300 euros para las mochilas viajeras , mochilas que llenas de libros , peliculas y discos circularán por casa de los alumnos, asimismo a partir del próximo Martes día 19 de Febrero nuestra Asociación se resposabilizará de abrir la Biblioteca del Instituto todos los Martes por la tarde de 5,30 a 8,30 de la tarde. La Biblioteca de nuestro Centro ,que recientemente se ha ampliado y remodelado, contará en breve con cuatro ordenadores con conexión a Internet ,para que los usuarios puedan realizar consultas , trabajos....
Por otra parte en la paginahttp://bibliorios.blogspot.com podeis consultar el catalogo de libros del que dispone nuestra biblioteca.

martes, 5 de febrero de 2008

Jornadas sobre Prevencion de las drogodependencia en la Adolescencia en Montillla

El próximo Sabado dia 16 de Febrero ,se celebran en Montilla , organizadas por Fapa Agora unas Jornadas sobre prevencion de las drogodependencias, pueden asistir todos los padres y madres que lo deseen, corre por cuenta de Fapa, el almuerzo y los gastos de desplazamiento.

0´00 H.-Recepción de Asistentes y Entrega de Documentación.
10 15 H.- Acto de Inauguración:

Dª. Rosa Lucía polonio Contreras
Alcaldesa de Montilla
Dª. María Dolores Alonso del Pozo
Delegada Prov. De Educación
D. Francisco Mora Sánchez
Presidente de Fapa Ágora.
D. José Pedraza Gallegos
D. Rafael Espejo lópez
Coordinadores de las Jornadas.

10’30 H.- Desayuno:

11´00 H.- Ponencia: “Consumo de alcohol en la juventud

D. Rogelio Palacios Chups
Coordinador Provincial del Instituto Andaluz de la Juventud

12’30 H.- Descanso.

12,45 H.- Ponencia: “Adicciones en la adolescencia”

Dª. Rosa Mª César Alcaide
Psicóloga de la Asociación Montilla-AMATE

14’30 H.- Almuerzo.

16’30 H.- Mesa Redonda:“Propuestas de actuación”

18’00 H.- Clausura de Las Jornadas.

D. Francisco Mora Sánchez
Presidente de Fapa Ágora.

D. José Pedraza Gallegos
D. Rafael Espejo lópez
Coordinadores de las Jornadas

domingo, 3 de febrero de 2008

El Tenis Pedagogico

Publicamos aqui este excelente articulo de Miguel Angel Santos Guerra (Catedratico de didactica y Organización Escolar en la Universidad de Malaga )

La relación familia/escuela es hoy especialmente necesaria. En una etapa en la que la crisis de valores se hace patente, la unidad de acción resulta imprescindible. Los profesores necesitamos información, ayuda, colaboración y apoyo de los padres y de las madres. Y la familia necesita la intervención de profesionales que trabajan colegiadamente en el marco de una institución educativa.
Cuando estas dos instancias juegan una partida de tenis (anti)pedagógico (pelota para allá, pelota para acá, pelota para acá, pelota para allá) los niños pierden la partida. Las acusaciones van de una parte a otra, de una instancia a otra y nadie quiere hacerse responsable de nada. La culpa del fracaso la tiene la familia, dicen los profesores. La culpa de los problemas que tienen los niños la tienen los profesores, dicen los padres.
He asistido a muchas reuniones conjuntas de padres y profesores. El diálogo, muchas veces, se produce de este curiosa forma. Comienzan los padres (o las madres, casi siempre, que son las ‘delegadas familiares’ de la educación):
-A mi hijo, ayer, le metió un compañero un lápiz en un ojo. Los niños no tienen la vigilancia necesaria. No hay derecho.
El turno les corresponde ahora de los profesores, que es como si no hubieran oído nada de lo dicho por los padres:
-He citado a una familia a través de todos los medios posibles: carta, teléfono, internet… y ha sido como si oyeran llover. ¿Cómo podemos trabajar así?

Imagino ese tipo de diálogo como si cada sector hubiese acudido a la cita con un cesto de piedras. Comienza el intercambio. Y comienza la pelea. Piedra que vuela hacia las cabezas de los profesores, piedra que impacta en el cuerpo de los padres… ¿Qué sucede al final? Pues que todos salen llenos de heridas, de chichones y de dolor. Nadie ha avanzado un centímetro hacia mejores posiciones. Alguna vez he modificado la propuesta de estos diálogos diciendo:
-Ahora los padres van a reflexionar en voz alta sobre aquellas situaciones, actitudes o ideas que tienen que cambiar. Y lo mismo harán los profesores. Lo llamativo es que han salido las mismas cuestiones, pero ahora sin producir heridas.
-Nosotros tenemos que intensificar la vigilancia en los patios porque están llenos de peligros, dicen los profesores.
-Nosotros tenemos que acudir más puntual y diligentemente a las citas de los tutores, dicen los padres.
Hay que acabar con el tenis (anti)pedagógico. Para ti la pelota de la culpa. Para ti la pelota del fracaso. Y así hasta la extenuación sin que nadie de un paso hacia la mejora de la educación de los hijos y alumnos. La colaboración se tiene que producir en todos los ámbitos. En el didáctico, es decir en lo relativo a los aprendizajes. En el educativo, que esta vinculado a la esfera de actitudes y valores. En lo organizativo, es decir en la gestión institucional. Y en lo comunitario, que proyecta la acción educativa en la sociedad.
La colaboración, por otra parte, tiene que ser sincera, sustantiva, real y exigente. Hay muchas trampas en la participación. Por ejemplo cuando se trata de una participación regalada (”vamos a dejar participar a las familias”, se dice, como si no fuera la participación un derecho y un deber). O cuando la participación está recortada y reducida a los aspectos marginales de la actividad curricular (”las familias van a organizar las actividades extraescolares”…). O cuando la participación está trucada (”los padres van a participar, pero solamente si están en la línea impuesta por el profesorado”…). O cuando la participación es meramente formal, pero no real (”se han respetado todas las exigencias legales”…).
La participación tiene también exigencias. Hay que tomar parte (eso es participar) para ayudar, no para destruir. Para animar, no para condenar. Para exigir, no para actuar de comparsa. Para estimular, no para amenazar.
Claro que lo primero que tiene que suceder es que la sociedad y la familia respete y valore a los profesores. No siempre han sido bien tratados. Y ahora tampoco. Un médico amigo, de gran sensibilidad pedagógica y asistente a uno de mis cursos, me envía la siguiente anécdota que oyó contar a su abuelo, que fue maestro de escuela. Antes de la guerra fue enviado a una escuela rural, en una masía aislada de la Sierra del Maestrazgo castellonense, entre los pueblos de Benasal y Vistabellla. Una escuela, la Escuela del Canto, que era un aula con una pequeñísima casa adjunta poco preparada para las inclemencias del clima. La asistencia de los niños era irregular. Los desplazamientos desde sus casas a la escuela y la falta que hacían en sus casas para ayudar limitaban su presencia. Sin embargo parece que la labor que allí hacía era bien considerada por los niños y sus familiares. Así, un buen día, vieron subir la loma de la escuela a dos hermanos que cargaban un cesto enorme lleno a reventar de higos. Un cesto más grande que ellos. A duras penas lo arrastraban agarrando cada uno de una de las asas. Una vez arriba el maestro preguntó:
-Pero, ¿dónde vais con eso, hijos míos?
-Son para usted, señor maestro, dijeron con orgullo los niños.
-Pero, esto…
-Son para usted. Mi padre dijo: venga, pues como el cerdo ya no los quiere… llevádselos al maestro.
Cuando no se respetas a los profesores, es imposible avanzar. Y tampoco cuando los profesores piensan que los padres y las madres no tienen capacidad para actuar de forma eficaz y responsable. Cuando no se confía en ellos, cuando no se cuenta con ellos y cuando se piensa que sólo están ahí para estorbar.
Hay que ganar esa partida de tenis entre todos Y para ello todos tenemos que estar en el mismo bando. Escuela y familia. Familia y escuela. Escuela, familia y sociedad. En el otro bando juegan el pesimismo, el fatalismo, la agresividad, la intolerancia, el desinterés, la rutina, la comodidad, la injusticia, la desigualdad y, en definitiva, desastre.